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Entrevista a Riccardo Bellofiore

06/11/2010

A raíz de su participación en la charla pre-JEC organizada en Buenos Aires por la Escuela de Economía Política (EsEP-UBA), AGD-Económicas y el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE), Natalia Aruguete entrevistó a Riccardo Bellofiore.

Transcribimos aquí esa entrevista, que puede leerse también en la web de Página 12.

“Existe el riesgo de que el euro pueda disolverse”

Por Natalia Aruguete

El nuevo capítulo de la crisis financiera puso al desnudo las debilidades de los países del Viejo Mundo: una frágil situación de las entidades financieras pese a recibir recursos millonarios de los bancos centrales, la falta de viabilidad del sistema de pensiones en el largo plazo, la amenaza de una recesión continental y una tasa de desocupación promedio cercana al 10 por ciento. Este escenario puede terminar con la “disolución del euro”, advirtió el investigador italiano Riccardo Bellofiore. Economista marxista de las universidades de Bergamo y Amsterdam, este experto realizó un calificado aporte al estudio de la teoría del valor e investigó extensamente sobre las crisis y teorías monetarias. En su paso por Buenos Aires, invitado por la Escuela de Economía Política (EsEP-UBA) y el IADE, Bellofiore dialogó con Cash sobre las dificultades que enfrentan los países europeos para salir de la crisis y criticó las políticas recesivas implementadas por sus gobiernos, que pueden derivar en una deflación.

¿Por qué en la Unión Europea algunos países resultaron más afectados que otros?

–Según la interpretación más generalizada, la crisis afectó primero a Grecia, después a España y Portugal, y luego a Italia, por dos problemas. El primero es la crisis en sus respectivas deudas soberanas. Este fue, de hecho, el punto de partida de la crisis en Grecia: la refinanciación de la deuda pública. El segundo problema que tenían algunos de esos países, como Grecia y España, es el déficit en la cuenta corriente. De hecho, el problema de la deuda soberana en Europa, como en todo el mundo, no es sino el anverso de la deuda privada.

¿Qué quiere decir?

–Significa que el capitalismo en los Estados Unidos y en los países anglosajones, pero también en España, registra un gran incremento en la deuda. Pero a diferencia de Grecia, España en 2006 –antes de la crisis– era un país virtuoso, desde el punto de vista del balance fiscal del Estado. Su deuda era del 60 por ciento en relación con el PBI, porque tuvo un gran crecimiento debido a una burbuja inmobiliaria, financiada a través de los mercados de capitales de Londres, que se correspondía con una gran deuda de los hogares. Dado este gran crecimiento, la recaudación impositiva subía, el déficit gubernamental era bajo y su deuda no era alta. Grecia tiene una historia diferente.

¿En qué se diferencian estos países?

–Los países fuertes como Alemania necesitan exportar a Europa del Sur. Alemania y sus satélites tienen una política neomercantilista. En cambio, Estados Unidos crece con consumo financiado por deuda y provee demanda al resto del mundo. Los países neomercantilistas como Alemania –a diferencia de China o Japón– están creciendo mediante la demanda externa. En realidad, la mayor parte de las ganancias de Europa viene de exportaciones al interior de Europa. Así que Alemania y sus satélites exportaban al interior de Europa. Y ésta es la paradoja de la situación.

¿A qué paradoja se refiere?

–Alemania, para dar marcha atrás con la situación fiscal de Europa del Sur, pide medidas duras desde un punto de vista fiscal. Pero estas políticas revisionistas están matando las economías de Europa del Sur. Baja su PBI y sus importaciones caen, por tanto Alemania corre el riesgo de caer en el intento porque bajan sus exportaciones. El objetivo de Alemania es exportar mucho más al BRIC (Brasil, Rusia, India y China). En verdad, a toda América latina. Pero esto es una apuesta muy fuerte y nadie sabe si va a tener éxito.

¿Cree que Europa cuenta con las herramientas necesarias para salir sola de la crisis?

–La pregunta es si Europa puede entrar en una crisis del euro. Europa corre el riesgo real de una recesión doble, de dos caídas. Se tenía la ilusión del desacople de Europa de esta crisis, algo completamente absurdo. Aunque no por un canal directo, Europa fue perjudicada por la crisis y esto ocurrió, incluso, antes del episodio de Lehman Brothers.

¿Y en los otros países europeos?

–Esta situación afectó al resto de Europa, pero no en la misma magnitud. Francia tiene una economía más basada en servicios. Y a pesar de que la retórica era muy antikeynesiana, desde mediados del 2008 hasta mediados del 2009 hubo una suerte de “medidas descoordinados-coordinadas” en los países industrializados. Todo el mundo usó estabilizadores automáticos. No sólo se basó en menos activos sino en intervenciones focalizadas para algunas industrias y sectores. En Alemania hubo intervenciones muy inteligentes para sostener el empleo, en sectores focalizados como el automotriz. El costo del recorte de las horas de trabajo se dividió entre el Estado, las firmas y los trabajadores. Hubo una preocupación para que no colapsara el empleo y la masa salarial. Desafortunadamente, se dio algo que se llamó el “paro verde de la recuperación”.

¿En qué consistió?

–Desde fines de 2009 empezó una retirada de la intervención estatal, con la idea de que el hecho de que la crisis afecte al empleo es algo que ocurre en cualquier crisis. Pero esta vez el colapso del empleo es de una magnitud nunca antes vista. Las empresas tienen demasiada incertidumbre para invertir. No creen que vaya a haber alguna nueva fuente de demanda, así que los esfuerzos para todos los productores en Europa, especialmente de manufacturas, están dirigidos a tener ganancias –incluso– con menos producción. Así que están golpeando fuerte sobre las condiciones laborales. Sus acciones en los últimos meses han sido contra los gremios para que acepten no hacer huelgas en los próximos años. En Europa, la crisis financiera se tornó en una crisis real, una crisis del empleo. Y las políticas contra la deuda soberana en Grecia o en España son recesivas.

¿Qué consecuencias puede generar este tipo de políticas?

–No sólo vamos a tener estancamiento del crecimiento, puede que lleguemos a una deflación. Aunque el peso de Europa en la economía mundial no es tan importante como para arrastrar al resto del mundo. Pero la incertidumbre es muy alta. Europa podrá salvarse a sí misma sólo si cambia la forma de pensar. Con estas políticas estamos en un callejón sin salida.

¿Cree que el funcionamiento del mercado influyó en la crisis actual?

–Este es un punto muy importante. Creo que es una falla de la economía ortodoxa. No me refiero sólo a los analistas duros o la escuela de las elecciones racionales, con una economía privada sin intervención estatal, sino también a esta idea del centro pragmático, que son los que hicieron las políticas económicas en Estados Unidos. Por lo menos desde Clinton hubo una política activa calibrada para soportar la inflación en los mercados de capitales y en el mercado inmobiliario, mediante la burbuja de los hogares. También hay una política monetaria muy volátil en esos mercados. La mayor parte de la plata viene de los hogares.

¿Por ejemplo?

–Los fondos de pensiones eran una forma de poner los ahorros de trabajadores en los mercados de capitales, en esa maquinaria. Lo mismo vale para el mercado inmobiliario: la sumisión del trabajo en las finanzas. Si la pensión como trabajador está vinculada a las ganancias en los mercados financieros, se pedirá a los financistas el mayor retorno. Y la política que van a implementar es más dura contra los trabajadores, porque se supone que eso eleva las ganancias. La paradoja es que el tipo de capitalismo que hubo hasta el 2007 se basa en deuda privada, de los hogares, de manera muy dinámica.

¿Cómo se logró que ese mecanismo fuera tan dinámico?

–Porque, paradójicamente, la inflación en los mercados de capitales pudo crear demanda, que no provenía del gobierno ni de la inversión ni del consumo de los trabajadores.

¿De dónde provino?

–Del consumo financiado por deuda basada en que suben los activos de los mercados de capitales. Esto está vinculado con la centralización, es decir, con las fusiones y adquisiciones. Esta centralización se vincula con la nueva forma de organización de la empresa. Ya no se trata de la clásica gran firma que produce todo en su interior. Lo que hay de nuevo es una red de firmas integradas, unidades de producción conectadas, que tercerizaron. Los trabajadores se quedan donde están, pero se dividen en situaciones contractuales y propietarios distintos. Esta centralización se dio en forma paralela a una fragmentación del trabajo. Ese debilitamiento de la situación de los trabajadores generó trabajadores traumatizados, que se compensaron con que los hogares se convirtieron en grandes ahorristas. La deuda de los hogares significó el colapso de este modelo.

¿Cómo evalúa el rol de los bancos centrales de estos países en el marco de esta crisis?

–Después de la crisis del ’29, después de Roosevelt y Keynes, los bancos centrales se pensaban como prestamistas de última instancia. Durante la llamada “era keynesiana” su función fue proveer ese soporte. Después de la gran inflación de los años ’70 había que atacar la inflación y hubo una presión para tener bancos centrales independientes.

¿Usted cree que los bancos centrales deben tener independencia respecto del poder político?

–Yo no creo que en Norteamérica haya habido realmente un banco central independiente. En Europa desafortunadamente son más ideológicos que en Estados Unidos, quieren ser independientes hasta que haya un desastre. Por ejemplo, la tasa de interés en Europa se mantuvo alta hasta mediados del 2008, cuando se redujo dramáticamente. Después tuvieron que innovar como Estados Unidos, porque el banco central, durante la inflación de activos de capital, tuvo que soportar esa inflación. Los bancos centrales están en contra de la inflación del Producto porque no quieren la inflación de los salarios, pero están de acuerdo con la inflación en los mercados de capitales. Lo digan o no, les gusta. Son prestamistas de primera instancia, dan la plata para financiar los mercados de capitales. Después de la crisis, los Estados Unidos y algunos de los mercados europeos –de los países vinculados a ellos– tuvieron que hacer otro movimiento para convertirse en prestamistas sólo de última instancia.

¿Por qué?

–Porque ahora la situación es que nadie pide más préstamos. Los hogares desean salirse de la deuda, así que bajan sus gastos. Ahora están endeudadas las firmas pero no saben sus ventas a futuro, por lo que no invierten, así que tampoco piden préstamos. Los únicos que pueden dar plata al sistema son los bancos centrales, y lo que hacen entonces es comprar cualquier tipo de activos. Esto sucede en Estados Unidos y también en Europa. Lo que pasó en las últimas semanas es que Jean-Claude Trichet (presidente del Banco Central Europeo), como esperaba estar fuera de la crisis y como quiere atacar el déficit fiscal en Europa, dice lo opuesto que Ben Bernanke (presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos).

¿Qué dice?

–Bernanke dice: “Tenemos que mantenernos en esta política monetaria inflacionista y con baja tasa de interés, no sabemos hasta cuándo. Habrá un momento en el cual nos retiraremos, pero no ahora y no en un futuro cercano”. En Europa, Trichet dice: “Miren, nosotros tenemos que salir de esta política y creemos que vamos a salir muy pronto”. Esta es la otra situación trágica por la cual no soy optimista en Europa, porque no sólo hay una crisis por las políticas fiscales recesionistas sino que el Banco Central Europeo está moviéndose hacia una restricción bancaria. Alemania no quería ayudar a los griegos porque “los alemanes eran gente seria que ahorraba y los griegos eran menos responsables, como los italianos y los españoles”. Pero en menos de un par de meses, (Angela) Merkel y (Nicolas) Sarkozy se dieron cuenta de que los bonos de los griegos eran comprados, sobre todo, por bancos alemanes, franceses y suizos. Estos tres países eran los principales compradores de bonos griegos, así que tuvieron que salvar a Grecia. Existe realmente el riesgo de que el euro pueda disolverse.

¿Cree que permitirán que eso suceda?

–Lo que impide esa disolución hoy es que el costo es dramático para todos. Yo no sé si todos los alemanes se dan cuenta de eso, aunque algunos sí. Si hay una disolución del euro, va a haber una catástrofe en Grecia, en Italia, pero habrá devaluaciones competitivas. Hay gente que dice que éstos son tiempos interesantes porque vamos a poder ver lo que pase en el futuro.

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